Diálogo, generosidad y regalos navideños

Elvia Ortíz COLUMNISTAS Elvia Ortíz

Todos conocemos la anécdota de aquella pareja de enamorados, que en una Navidad de principios del siglo pasado, al encontrarse muy escasos de dinero cada uno, en secreto, deciden hacer un gran sacrificio para dar un regalo digno a su amado; de tal manera que ella vende su hermosa y larga cabellera dorada para regalarle a su novio una cadena donde pudiera colgar aquel reloj, única herencia su padre y que constituía su más preciado tesoro; él por su parte, amándola tanto decide vender justo su reloj para comprarle a ella esa peineta engarzada de piedras preciosas, que tantas veces su novia había admirado como un sueño en la tienda, para que pueda lucir esplendorosa en el bellísimo cabello de su amada…

Muchas veces en un afán de agradar, descuidamos la comunicación; encontrándonos entre el dilema ambivalente del valor de la sorpresa y el peso de la utilidad; Si le regalo esto, no sé si le gustará, pero si le pregunto ¡ya no será sorpresa!

Quizás la respuesta se encuentra en el objetivo que persigo al dar un regalo. ¿Qué me motiva a regalar? ¿La generosidad? ¿Mostrarle a esa persona el cariño que siento por ella? O es simplemente el consumismo que dicta el orden social en el que vivimos, que nos hace caer en el mercantilista “toma y dacca” de ponerle un precio cierto al intercambio obligado en la escuela o la oficina.

Ciertamente la Navidad es conocida como “Una época de dar y compartir” donde aún en tiempos de guerra, llegó a pactarse una tregua para permitir a los soldados el respiro reparador de un abrazo fraterno y la sensación de cobijo hogareño que brinda un buen ponche caliente… Que nuestros regalos estén marcados por el ánimo de celebrar la maravilla de ser y darse a los demás, participar a los que amamos lo que somos y lo que podemos hacer, en un ambiente de sencillez y hermandad.

Es innegable la alegría íntima y familiar que sientes al recibir un par de calcetines, una pijama o exactamente aquellos calzones elegidos por tu mamá que son justo del tipo que te gusta usar. Esos regalos que se hacen clásicos de tío o del hermano que siempre obsequia lo mismo y por ende resultan ya esperados; ni qué hablar de los platillos tradicionales con que nos agasajan las abuelas, ese sazón único familiar que por ser sólo cada año, se convierte en una expectativa tan agradable como obligada.

Regala tu tiempo, regala lo mejor de ti, muestra tu agradecimiento, esfuérzate por agradar a quién amas, sin esperar nada a cambio; comparte con aquel que no puede corresponderte. El espíritu de la Navidad es justo esa chispa de humanidad latente en nuestros corazones que se permite brillar y mostrarse al exterior al cumplirse un ciclo de traslación terrestre, sin importar raza o credo, ese espíritu inflama por un momento al Mundo.

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