61 años del magnetismo de la Torre Latinoamericana (estrenó reloj)

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La Torre Latinoamericana es un faro que da orientación y horario a las mareas de transeúntes en la peatonal Madero y al océano de autos que transitan entre el Eje Central y Avenida Juárez. De día, es referencia de ubicación. De noche da, además, una iluminada hora.

El nuevo reloj que se observa desde las cuatro caras del edificio fue puesto en marcha apenas en enero de 2017, explica a El Insurgente Pedro Fossas, director de la Torre Latinoamericana, inmueble que cumple 61 años de edad este 30 de abril.

La Torre Latinoamericana tiene 44 pisos . Con todo y pararrayos suma 188 metros sobre el nivel de la calle.

Un rascacielos con destino histórico

Todo en ella ha sido marcar historia. Se inauguró en 1956 y poca gente sabe que tuvo una segunda presentación en sociedad 12 años después, en plena temporada de Juegos Olímpicos, en el México de 1968. La población que se consideraba heredera del Desarrollo Estabilizador vio cómo el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz, desde el Hotel Balmer, movió un interruptor para que, en ese mismo instante, la Torre se iluminara con un reloj monumental. Era la máxima expresión de la modernidad.

En esos mismos días, la Torre pudo ver desde su sitio el ataque a los estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, el 2 de octubre de 1968: la cara norte del edificio enfrenta en línea recta ese escenario.

Transcurrieron sus días de vida en el horizonte capitalino, custodiada desde la cúspide por el reloj patrocinado por la marca Bulova. Los numeritos naranjas marcaron el ritmo del pasar de los años desde su fecha de inaguración hasta mediados de la década de los 80.

“Alrededor de 1985, el reloj fue renovado debido al inmenso consumo de luz eléctrica que hacía. Se cambió por un modelo más reducido. El primer marcador de horas medía 21 metros de largo por 3.20 de alto. El de los 80 era de 13 metros de largo por tres de alto. Ambos corrían por las cuatro caras del edificio”, explica Fossas.

En el relevo de relojes se fue el patrocinador Bulova y se colocaron las palabras “Seguros Latinoamericana”, que anunciaba la presencia de la compañía aseguradora que lleva ese nombre y que hasta la fecha es inquilina de este inmueble.

“La Latino”, como la llaman cariñosamente los capitalinos, siempre ha sido referencia. Su técnica de cimentación, ideada para preservarse en zona sísmica, es caso de estudio internacional y se ha replicado miles de veces en construcciones locales y de otros países.

Las postales de CDMX la contienen en cientos de imágenes, el trazo del horizonte de esta urbe casi siempre la incluye. El paso del terremoto de 1985 la dejó incólume, para asombroso orgullo de la población.

Torres más altas que ésta, hay varias en la Ciudad de México. Pero ninguna tiene el encanto identitario de esta estructura con fachada de vidrio y aluminio.

Abrazo desde el mirador de la Torre Latinoamericana.

Enero de 2017: llegan los nuevos tiempos

“La Torre es magnética”, afirma su director. “Tan solo en 2016 subieron a su mirador 560 mil personas y esperamos que este año la cifra crezca”.

Como parte de su labor de conservación, la administración del inmueble decidió en el otoño de 2016 comprar pantallas de luces LEDs para reinstalar la corona de la Torre: otra vez un reloj. Ahora con un consumo más eficiente de energía, cada pantalla mide 17 metros de largo por 3.60 de ancho. Fue una inversión de 600 mil dólares, detalla Pedro Fossas.

Comenzó a funcionar en enero de 2017. Por supuesto, la corriente histórica le dio un nuevo incidente: Donald Trump.

“En esos días fue cuando la gente puso en sus redes sociales imágenes de la bandera, a manera de resistencia y oposición a las opiniones negativas del presidente de Estados Unidos. Por eso decidimos que el reloj de la Torre luciera, también, la bandera mexicana”.

Así ahora, en lapsos de cinco minutos, puede verse alternar la hora con la bandera tricolor.

La reintegración del reloj forma parte de un plan de renovación completa para este edificio.

“Como está catalogada por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) no cambiaremos nada de su imagen. Solo reemplazaremos lo desgastado para que luzca como nueva”, señala el directivo.

Por lo pronto, el célebre restaurante que está en sus últimos pisos ahora está en completa remodelación. Sus museos y el mirador son puntos de atracción turística, amén de actividades como conciertos, bodas de kermesse en los días de San Valentín y hasta competencias deportivas.

“El futuro de la Torre pinta para mejor, por mucho”, concluye Fossas.

En su cumpleaños, con sus referencias históricas y con reloj nuevo, la Torre Latino es portal del tiempo en el corazón capitalino.

Guardiana del tiempo.

(FOTOS: CUARTOSCURO)

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