Cumpliendo las expectativas ¿de los demás?

Elvia Ortíz COLUMNISTAS Elvia Ortíz

 

¿Por qué creemos que debemos llenar las expectativas de otras personas? Ya sean las expectativas de nuestros padres, de nuestra pareja, de nuestros hijos, de nuestros hermanos, de la misma sociedad; es que los introyectos que se han clavado en nuestro inconsciente, nos llevan a pensar que estamos llamados en esta vida a hacer aquello que se espera de nosotros.

Mi abuelo es abogado, mi padre también, luego entonces yo debo ser abogado, para no desentonar con la tradición familiar.

En mi religión ¡el matrimonio es para siempre! O al menos hasta que la muerte nos separe, entonces no importa si soy o no feliz, debo cumplir con esa consigna.

Debo tomar las decisiones más importantes de mi vida y que marcarán el resto de mi existencia de forma inamovible antes de llegar a la madurez.

Ejemplos como estos y tantos otros se suman en la historia de vida de todas las culturas; y entonces ¿Dónde queda el yo? ¿Dónde está nuestra individualidad? Eso que te hace único e irrepetible en el universo.

Si no existen dos hojas iguales, es más, si no existen siquiera dos grillos iguales, ¿por qué habríamos de ser nosotros iguales a nuestros padres o a nuestros hermanos? ¿Por qué habríamos de sentir igual, de pensar igual o de hacer las mismas cosas?

El punto es que en la vida únicamente estamos llamados a cumplir con nuestras propias expectativas, a ser lo que decidamos ser, a ser mejores de lo que somos cada día, a ser felices, a sentirnos plenos, a gozar lo que somos y lo que logramos, a respirar cada aliento que nos regale la vida y nada más.

Es tan fácil hacernos con cargas ajenas, querer resolverle la vida a los que nos rodean, olvidándonos de resolver la propia… — En una familia la esposa le dice al marido:

-Oye Rodrigo ¡Que la Sirvienta está embarazada!

Responde el marido:

-Pues bueno mujer, ÉSE, ES SU PROBLEMA

La mujer contesta:

-Sí, ¡¡¡pero dice que es tuyo!!!

El marido responde tranquilamente:

-¡Ah! Pues ÉSE, ES MI PROBLEMA

La mujer fuera de sí le increpa:

-¡¡¡Y entonces yo que hago!!!

El marido concluye

-Pues, ÉSE, ES TU PROBLEMA

Así en la vida, preocupémonos por resolver lo que nos toca, y dejemos a los demás que resuelvan lo propio.

 

 

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