DIALOGO CONYUGAL

Elvia Ortíz COLUMNISTAS

¿Te ha pasado… que al llegar a casa cansado del trabajo, la única plática que surge con tu pareja es acerca del pago de la renta o de las colegiaturas, el reclamo porque no trajiste la leche o porque hacen faltan cervezas en la nevera? Que el tiempo que queda para descansar es tan corto que, prefieres ver el partido, las noticias o la novela para relajarte, en vez de charlar con quién compartes tu vida.

¨Pero eso sí, cuando te preguntan ¿Qué tal está tu dialogo conyugal? Inmediatamente respondes: “muy bien” “siempre platicamos”; resulta que hablar sobre las deudas, que si se descompuso el refri, si a los niños ya no les queda la ropa o necesitan tenis, si tienes que cuidar a las niñas estos días porque tu suegra no puede, o la clásica “regaña a Jaimito porque lo reportaron en la escuela” y un largo etcétera… no cuentan como diálogo, es simple información administrativa.

Dialogar con la pareja es compartir tus sueños, hablar de tus metas y anhelos, contar juntos nubes rosadas, eso es diálogo; te acuerdas ¿de que platicaban cuando eran novios?… seguramente sobre tus proyectos, sobre como te fue en la escuela, qué harías si te sacaras la lotería, cuáles son tus colores y platillos favoritos, que países te gustaría visitar, lo que sientes cuando te da un beso, lo guapo que es, lo bonita que se ve, cuántos hijos quisieran tener… repito, eso es diálogo.

¿De qué hablas con tus amigos a los que quieres tanto?  De puras tonterías, compartes la risa sobre vanalidades circunstanciales, que si el Preciso se resbaló con la foto en su celular, si ganó tu equipo o que buena estuvo la pelea, sobre aventuras de juventud y libaciones etílicas… eso también es diálogo, la charla fácil que surge del querer compartir el alma, no es un sistema de información rígido que precisa un pago o cubrir necesidades; es un regalo, es pasarla bien con aquellos que amas.

Y vuelve la pregunta, ¿Qué tanto diálogo tienes con tu pareja, con tus hijos, con tus padres, con tus hermanos…? Pareciera que al paso del tiempo, el diálogo tan sabroso, que  desahoga las presiones y nos devuelve la alegría, se hubiera vuelto dominio exclusivo de los que no son parte de tu familia.

No permitamos que el estrés de los compromisos cotidianos, cierre el paso al diálogo, por la importancia que concedemos a la premura de solucionar las necesidades “urgentes” que nos planteamos o peor aún que los reclamos e inconformidades, tiñan de enojo y malestar nuestro entorno familiar, que tensen el ambiente cual cuerda de violín, y la histeria histórica convierta el lugar idóneo de solaz y alegría, en un frío mausoleo.

Abre paso al diálogo, disfruta los momentos con aquellos que amas, permítete postergar tus ansias de superioridad y resolución a espacios previamente delimitados; para que puedas realmente elevar tu calidad de vida y florezca tu espíritu.

El ser humano requiere de esparcimiento sano, donde escapar por instantes del peso de la responsabilidad, para poder volar… recuerda que la Felicidad es un instante, al final del camino en la balanza de la vida, lo que importa es que a la suma de instantes desafortunados, le gane el cúmulo de instantes felices!!

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