Dona tu cerebro para investigar enfermedades mentales

Redacción TENDENCIAS

Científicos han hecho un llamado para que más gente done su cerebro para la investigación después de fallecer.

Los científicos en Estados Unidos aseguran que escasean los cerebros de personas con desórdenes como depresión o estrés postraumático, aunque son importantes para la investigación científica.

En parte, esta escasez se debe a la falta de conciencia de que estas condiciones están asociadas a cambios en las conexiones del cerebro, dice una publicación de la cadena BBC Mundo.

El objetivo de los investigadores que buscan cerebros es desarrollar nuevos tratamientos para desórdenes mentales y neurológicos.

En el Centro de Tejidos Cerebrales Harvard, en el Hospital McLean, en las afueras de Boston, Estados Unidos, hay más de tres mil cerebros almacenados y es  uno de los bancos de cerebros más grandes del mundo, con ejemplares de personas que han sufrido enfermedades mentales o psicológicas.

Los científicos requieren estas muestras para buscar nuevos tratamientos contra el Parkinson o el Alzheimer y para toda una serie de desórdenes psiquiátricos.

Pero las que hay en el centro, así como en otras instituciones en el mundo, no son suficientes y esto está frenando el avance en la investigación.

El cerebro humano es tan fascinante como complejo. Las conexiones internas cambian y crecen a medida que lo hacemos nosotros, además de que es el órgano más específico de quiénes somos y por qué nos comportamos de determinada forma.

En años recientes, investigadores han establecido vínculos entre la forma del cerebro y los desórdenes mentales y neurológicos.

“Lo que nos faltan son los tejidos de aquellos que padecieron estos desórdenes que nosotros tenemos que comprender cabalmente”, dice Kerry Ressler, principal jefe de científicos del Hospital McLean.

Caroline, una donante que visitó el hospital, le dijo a la BBC que decidió en parte donar su cerebro para la investigación una vez fallezca porque su hermana tiene esquizofrenia.

Ella espera que su órgano ayude a los investigadores a encontrar una cura y urge a los demás a hacer lo mismo.

“Mis padres estaban en bien, ¿por qué entonces mi hermana tiene esquizofrenia? No sabemos de dónde vino. ¿Cómo vamos a saberlo si no investigamos el cerebro, que es donde está el problema?”, dijo la mujer.

“Si la gente piensa que no hay cambios en el cerebro cuando alguien sufre una depresión profunda o estrés postraumático, no ve un motivo para donar su cerebro, porque cree que allí no encontrarán nada”, dice Sabina Berretta, directora científica del centro Centro de Tejidos Cerebrales Harvard en relación a la confusión sobre este tema.

 

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