El escenario Trump y el regreso de Carlos Salinas

José Ramón González POLÍTICA

Hasta el momento, las reacciones al “discurso de las trumpadas” (denominación acuñada por los “genios” de comunicación social del Senado de la República) lejos de ayudar a los migrantes o impedir la conclusión del Muro de la Tortilla (como se le llamó al inicio de su construcción durante el gobierno de George Bush papá a principios de los 90) no ha hecho más que abonar al posicionamiento de Trump y rescatar del baúl de los recuerdos de los norteamericanos los viejos fantasmas consecuencia natural del nacionalismo blanco: la cerrazón, la intolerancia, el racismo, la exclusión.

Esta coyuntura, parece ser terreno fértil para el reposicionamiento de otro fantasma, en este caso mexicano: El salinismo que de una u otra manera ha mantenido su presencia no solo en la mente del ser colectivo nacional sino en la integración de los gabinetes de los ejecutivos federales y muchos estatales, desde 1994 a la fecha, con una doble intención:

1. En lo económico, fortalecer tanto a las empresas y grupos que lo patrocinaron como a los que creó, al participar en la versión actualizada y recargada de su máxima obra macroeconómica que viera la luz hace 23 años y continua vigente: el TLCAN que dio origen a la estrategia de libre comercio mexicana, la que al paso de los años y sexenios ha producido casi medio centenar de tratados y acuerdos con diversos países, regiones y grupos económicos internacionales y cuyos contenidos por cierto giran alrededor de las llamadas “Reformas Estructurales”, siendo Comunicaciones y Energía, las más relevantes en tal sentido.

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2. En lo político, mover estratégicamente sus piezas clave en el ajedrez de las decisiones de gobierno, a fin de reinstalar y continuar su proyecto y recomponer su poco envidiable imagen histórica, creada en gran medida –también hay que decirlo- más que por hechos reales y objetivos, por los innumerables detractores con que cuenta dentro y fuera de su partido.

Recordemos que a fines del año pasado primero en noviembre en entrevista con The Economist y luego en el Reforma y El Universal, Carlos Salinas de Gortari hizo declaraciones mediante las que, contrario a la visión de Trump, se erigió en portador de la bandera en la defensa y renegociación, no extinción, del TLC, lo que desde su apreciación, traería grandes ventajas como:

– Contar con una estrategia regional de competitividad ante las industrias y productos chinos;

– Las gandes empresas ante el incremento de su productividad “jalarían” a las Pymes de ambos lados de la frontera, reactivando las economías internas por ser este tipo de empresas las que más empleos generan;

– Por lo mismo, en lugar de que se eliminaran millones de empleos por la extinción del TLC, su renegociación constituiría para ambos países una solución a sus economías internas, además de contribuiría a disminuir sensiblemente la migración indocumentada.

Inmediatamente después a la publicación de este ensayo, su sobrina Claudia Ruiz Massieu, entonces secretaria de Relaciones exteriores, se reunió con el consejero de Estado chino Yang Jiechi para resolver diplomáticamente las diferencias bilaterales en relación con la repentina no firma de dos contratos multimillonarios en dólares: el tren de alta velocidad México – Querétaro, y el Dragon Mart, en los que la intervención del ex presidente Salinas ha sido expuesta por diversos medios.

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Inmediatamente después también gente de los medios ligada al ex mandatario, omitiendo nombres que se conocen a voces, hablaron sobre esa propuesta y pusieron en evidencia la intención del grupo liderado por Carlos Salinas para apoderarse de la política exterior y la renegociación del TLC. Solo así se explican los posteriores cambios que hizo el presidente Enrique Peña Nieto, solo por mencionar algunos, en la Secretaría de Relaciones Exteriores de Luis Videgaray por Claudia Ruiz Massieu Salinas -ahora secretaria general como lo fue su padre, José Francisco y quizá próxima presidente del CEN del PRI- y el nombramiento del titular de la embajada de México en EU, que increíblemente tenía bastante tiempo acéfala siendo la más importante del servicio exterior de nuestro país y el cambio del discurso de Trump inclinado ahora a la renegociación de lo que para ellos es acuerdo, el NAFTA, no tratado, lo es para nosotros el TLCAN.

De la influencia de Carlos Salinas en la Política interior y el forcejeo y distanciamiento con el actual Ejecutivo Federal, mi único y querido lector, ya ni hablar: en ella tiene incrustada gente de primer y segundo nivel en no pocas carteras, así como en el manejo político y de medios de los procesos contra algunos gobernadores, desde Moreira hasta Borge, lo cual será materia de otra entrega…

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