El qué dirán…

Elvia Ortíz COLUMNISTAS Columnistas Invitados Elvia Ortíz

En ocasiones nos preocupamos por lo que digan los demás respecto de nuestras acciones, afectos y preferencias; en vez de considerar el valor que agrega a nuestra vida tal o cual actividad o cariño.

La mejor política es preguntarnos ¿A quién le importa? Así es “Who cares?” Cada uno debemos procurar dar lo mejor de nosotros mismos en cada momento, aprender más, conocer más, amar más, disfrutar más, ayudar más… eso es lo que verdaderamente enriquece nuestra existencia; no obstante siempre habrá la persona desocupada que estará pendiente de la vida del vecino, del pariente, de la celebridad y hasta del desconocido. Vidas tan vacías y vanas que requieren entretener su poco cultivado intelecto criticando y especulando sobre la vida ajena.

La sabiduría popular nos recuerda que “Todo se toma de quien viene” de tal manera que si alguien decide notar los pormenores de tu vida, si verdaderamente te aprecia, usará esta notación para hacértela saber de un modo amable y constructivo que te permita, en uso de tu raciocinio, hacer una valoración del hecho y actuar en consecuencia, en aras de lograr un crecimiento personal.

Contrario sensu, si esas críticas sobre tu persona, se dirigen a individuos diversos; con el puro y mero afán de un pasatiempo vano, serán inútiles y despreciables, por lo que la única acción viable e inteligente en respuesta será ignorarlas.

Es práctica común en todas las culturas, buscar el consejo de terceros para tomar decisiones personales sobre nuestras vidas, algunos se acercan a familiares o amigos en busca de esta guía, los más acertados recurren a personas experimentadas en la materia o entradas en años; pero pareciera que la directriz más calificada en materia vital, provenga de alguna persona con status religioso o espiritual; el hecho en este caso, es que independientemente de lo atinada, bien intencionada o benéfica que resulte la directriz que emane de este individuo investido con la “Iluminación Divina”, resulta que en muy pocos casos cuenta con la experiencia de estado de vida sobre el que debe iluminar, además de escasez de conocimientos psicológicos y terapéuticos adecuados.

Cuántas personas creen ciegamente que si siguen las pautas de vida dictadas por su director espiritual estarán bien y no serán criticadas ni juzgadas; ya que aún tenemos en nuestro inconsciente colectivo occidental, esa prioridad de no “tener la culpa” “yo hice sólo lo que él me dijo” una cultura absurda de irresponsabilidad en aras de agradar a un grupo religioso o social

En resumidas cuentas, resulta que quién va a vivir tu vida… eres tú mismo, por ello eres precisamente tú, quién debe tomar sus propias decisiones, o al menos poner en tela de juicio, basado en la sensatez, la viabilidad y conveniencia de aplicar recomendaciones externas a tu existencia; piensa que la persona que te administró aquella solución mágica, ¡No vendrá a vivir los resultados de su aplicación!

Por ello en base al conocimiento personal profundo de la situación de que se trate, a tu sentido común, tratando de clarificar y ubicar emociones y sentimientos involucrados, así como posibles consecuencias; asume tú mismo el protagonismo de tu vida y decide aquello que mejor te parezca sin miedo ni remordimientos.

Ahora cuando te sientas tentado a dirigir tu vida en base a lo que otras personas piensen o digan, recuerda la sabia frase que nos dejó, el francés Jules Romains “La gente inteligente habla de ideas, la gente común habla de cosas, la gente mediocre habla de gente” Nadie que esté en este último nivel, merece ni por un segundo, que desvíes tu vida, atención y voluntad, hacia su opinión.

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