Ganó el mejor

Agustín Goicoechea Chávarri COLUMNISTAS

¿El que más lucha es el que más gana? No siempre se puede responder con certeza a esa pregunta, podríamos enumerar muchos ejemplos en que no sucede así, aunque sería lo más justo desde la óptica del mérito.
 
El domingo primero de julio se celebró una fiesta democrática en nuestro país, dada la alta participación ciudadana y la transparencia electoral. Ganó la democracia y al final también quién más luchó, persistió y perseveró. Ganó el pueblo.
 
He leído un sinfín de análisis que proponen desde lo más lógico, hasta lo más perverso en la alternancia. En el imaginario colectivo cada uno adoptamos la teoría que más nos define.
 
En el mundo de hacer que las cosas sucedan, Andrés Manuel López Obrador fue el único que logró dicho cometido. Vamos entendiéndonos…
 
Fue su tercera contienda presidencial, nunca claudicó. Se vieron representados sus esfuerzos en las urnas, fue el candidato con mayor nivel de conocimiento, lo cual es el primer indicador fundamental que se mide al encuestar, producto de su persistencia, así como mérito por haber recorrido todos los municipios del País.
 

¿Andrés Manuel gana y quién pierde?

 
Pierde un sistema anquilosado, cansado y cínicamente hostil que no supo aterrizar la expectativa ciudadana. México salió a manifestar su pulso y castigó a través del voto las promesas no cumplidas, el cinismo de la corrupción protagonizado por varios gobernadores, la complicidad a la falta de controles y la política pulsada al mero estilo del guión de una telenovela. No hablo del presidente, me refiero al sistema y a la necesidad que tenemos de vernos desde fuera para ser críticos con lo que nosotros hemos elegido por décadas. También como pueblo somos responsables de los gobiernos que ponemos, aunque nos encante quejarnos.
 
La expectativa es muy alta y eso incrementa el riesgo del fracaso perceptual. Seamos realistas con nuestras expectativas como pueblo: el próximo presidente no la tendrá fácil, ya que representará la máxima expresión de los mexicanos y sus ilusiones. También nosotros lo elegimos y, con él, somos responsables de nuestro destino. Confiemos una vez más en la voz de la mayoría, pero seamos sensatos con lo que esperamos para que luego no nos frustremos a nosotros mismos y lo culpemos a él, como tanto nos gusta hacerlo.
 
Ganó el anhelo, la necesidad de abatir la carencia, la desigualdad y el cinismo de unos cuantos que hoy dejaron tan damnificados a buenas alternativas para muchos, como lo representaba Ricardo Anaya, José Antonio Meade o “El Bronco”. Ellos no fueron derrotados, solamente participaron desde una posición incorrecta en el tiempo. Fue premiado el que más persistió por años y castigado un sistema que nosotros mismos hemos creado.
 
Invito a que persistan los que hoy no fueron ganadores en las urnas, a que sean oposición constructiva y sigan el ejemplo de entereza del que hoy ganó, nos guste o no. Finalmente, exhortó a que sigamos mirando hacia delante, trabajando y perseverando si queremos ser los mejores.


Agustín Goicoechea Chávarri-Politólogo y consultor público-privado 

 
 
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