La campaña contra OHL tiene un protagonista: Paulo Díez Gargari, el abogado de Infraiber

Redacción Anonimus

Digno representante de un arte que poco a poco va desapareciendo, Paulo Jenaro Díez Gargari, el “licenciado” de la empresa Infraiber, manda cartas: a funcionarios, a legisladores, a jueces, a periodistas. A falta de argumentos en los tribunales, y desesperado por ofrecer resultados a sus jefes, ha buscado desde hace años ya, litigar desde el espacio público. 

Ha ido creando su propio personaje, un Quijote que pelea en favor de la justicia. Él no lo sabe, o parece no darse cuenta; acostumbrado al arte de mentir, acabó por engañarse a sí mismo y al igual que el caballero de la triste figura nos quiere convencer que hay gigantes en donde solo se alcanzan a ver molinos de viento. La realidad es que mientras con una mano enarbola la bandera de la transparencia, con la otra barre, debajo de la alfombra, los oscuros intereses que defiende.

Emulando a los grandes héroes de caricatura, ez Gargari se dio en los últimos años a la tarea de encontrar un antagonistaun villano en el cual pudiera descargar la frustración que le causó a su cliente la cancelación de un convenio marco que le permitiría medir el aforo vehicular de todas las autopistas del estado de México y que de acuerdo a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes era inviable con relación a otros servicios similares. 

Por alguna retorcida razón encontró a ese enemigo en la filial mexicana de la empresa española OHL, una de las compañías más fiscalizadas del país y con una historia de éxito en México, en donde ha invertido 58 mil millones de pesos en obras que incluyen al Circuito Exterior Mexiquense; el Viaducto elevado Bicentenario; La Autopista Urbana Norte, entre otras. 

Su encono deriva de que el gobierno del estado de México pidió a OHL eliminar de su título de concesión el servicio de la medición de tráfico, que originalmente le había concedido a Infraiber; ahí, dio inicio la campaña de desprestigio contra la constructora.

“Trepador” profesional, hoy se dice preocupado por las condiciones en que OHL pudiera salir de la Bolsa (lo que sería congruente con su lógica de odio).  Lo que resulta inaudito es que ahora se quiera presentar como el defensor de los accionistas minoritarios de esta empresa (papel que no le corresponde), y más aún se de el lujo de pagar un desplegado en uno de los diarios con mayor circulación. ¿Dónde está el titiritero? ¿Quién financia al gatillero y con que siniestros intereses?

No es difícil ganar notoriedad en un mundo en el que lo estridente, atrae inmediatamente la atención mediática, sin embargo tratar de manipular a los medios es jugar con fuego,con un costo difícil de saldar, eso ya lo debería de saber Díez Gargari y quien lo patrocina. De cualquier forma no es ahí en donde se ganan juicios, ni la palabrería quien a final de cuentas habrá de definir de que lado se encuentra la verdad.

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