La extraordinaria historia del africano disecado y expuesto en museos

Redacción POLÍTICA

“El Negro” viajó por Europa desde 1830 y fue objeto de culto de muchos museos españoles y franceses. Su historia comenzó en 1830, cuando un comerciante francés trajo s cuerpo, lo disecó y lo entrego a los recintos culturales como parte de las exposiciones sobre el continente africano.

El escritor Frank Westerman se topó con su cuerpo en 1983 cuando visitó el museo de historia natural de la ciudad de Bañolas, en España. El hecho de que fuera un hombre disecado como animal, lo llevó a investigar sobre su historia, misma que publicó para la cadena BBC.

“Generaciones enteras de europeos se agolparon frente a su cuerpo medio desnudo, que había sido rellenado de algodón y preparado por un taxidermista. Permaneció allí, de pie, exhibido como un trofeo”, dice Westerman en el texto.

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Escultura de El Negro

El escritor quedó sorprendido cuando se dio cuenta que el cuerpo que veía en una de las salas era real. Ya se lo había advertido una joven antes de entrar al recinto.

“Después de pasar por el salón de los “Humanos”, continué al de los “Mamíferos” y allí lo encontré, junto a algunos primates y huesos de gorila. Allí estaba el cuerpo relleno de “El Negro”, que sostenía una lanza, estaba adornado por un tejido de rafia y apenas cubierto por una especie de toalla naranja”, narra el hombre.

“Se me erizó la piel de la vergüenza. Era claro que el cuerpo de “El Negro” había sido tratado por algún taxidermista blanco europeo y la sola idea me producía escalofrío.

“Cuando quise preguntar sobre el origen de este hombre, Lola, la mujer de la entrada, no pudo darme una explicación. No había un catálogo o folleto. Sólo tenía una especie de postal que me entregó y que decía escuetamente: Museo Darder- Banyoles. Bechuana”, recuerda.

Veinte años después de su encuentro con “El Negro”, Westerman decidió escribir un libro sobre el viaje que hizo el cuerpo desde el siglo XIX hasta el XXI, describiendo cómo el hombre pasó de África a los museos europeos y al final regresó a su tierra.

En 1831, el comerciante de “especímenes naturales” francés Jules Verreaux presenció el funeral de un guerrero Setsuana en el interior de África -cerca de Ciudad del Cabo, Sudáfrica-. Al anochecer, Verreaux desenterró el cuerpo y se llevó para su casa la piel, el cráneo y algunos huesos.

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Jules Verreaux

Con la ayuda de alambres de metal actuando como espina dorsal, pedazos de madera ubicados como hombros y periódicos como relleno, Verreaux conservó las partes robadas y viajo a Pa´ris donde el cuerpo del africano fue exhibido en la Rue Saint-Fiacre.

Medio siglo después, “El Negro” apareció en España, durante la exhibición universal de Barcelona en 1888 y después fue trasladado a Bañolas, donde su historia comenzó a olvidarse.

En algún punto del siglo XX, su taparrabo fue cambiado por una toalla naranja, aunque lo peor, dice el autor, fue que alguien le puso una capa de barniz para oscurecer aún más su piel.

En 1992, el doctor español de origen haitiano Alfonso Arcelin dijo en el diario El País que “El Negro” debería ser retirado del museo, ya que se realizarían las olimpiadas de Barcelona y los atletas de color se ofenderían al ver el cuerpo discado.

La petición no avanzó. Los catalanes se resistían, porque consideraban a “El Negro” una de sus joyas culturales. Sin embargo, en 1997, el hombre fue almacenado en los depósitos del museo como el “objeto 1004”.

Tres años después, el gobierno español decidió repatriar el cuerpo de “El Negro” para ser enterrado en suelo africano. En Madrid, sacaron el relleno de algodón de su cuerpo y le quitaron las partes que no eran humanas, incluyendo los ojos de vidrio.

Sin embargo su piel se había endurecido y se rompió. Al final el ataúd donde fue enterrado en Botswana solo contenía el cráneo, un brazo y los huesos de los pies.

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El funeral en Botswana

El entierro del que alguna vez fue un guerrero ocurrió el 4 de octubre de 2000, en Gaborone, la capital de Botswana. Los líderes religiosos que hicieron un homenaje a su figura.

“Estamos listos para perdonar”, dijo el ministro de Relaciones Exteriores, Mompati Merafhe, durante la ceremonia. “Pero no debemos olvidar los crímenes del pasado, y de esa forma no repetirlos”.

El lugar donde fue enterrado “El Negro” se olvidó y construyeron un campo de futbol, hasta que el gobierno decidió recuperarlo y convertirlo en un lugar turístico.

Por más de 170 años se desconoció el nombre y su lugar de origen. Pero en un examen forense de 1995 encontraron que el sujeto tenia cerca de 27 años, una altura de 1.40 metros y probablemente murió de neumonía.

 

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