La familia perfecta

Elvia Ortíz COLUMNISTAS Elvia Ortíz

Con ocasión del llamado “Día de la Familia”, un movimiento social-mercadológico para promover los valores de la célula básica de la estructura social por excelencia, y por supuesto, para lograr algún movimiento económico-comercial. Abundaremos sobre este tema que encabeza el top ten de la jerarquía de valores idónea a nivel mundial.
Muchas veces de niños anhelamos la familia del amigo. Quizás porque le daban más postre o permiso para ir a todos lados; o porque su mamá lo recogía temprano del colegio y nosotros teníamos que esperar por casi una hora sin chistar, hasta que la escuela quedaba casi vacía; o posiblemente le compraban una paleta helada a la salida o en Navidad tenía muchos primos con quién jugar.

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El punto es que si esa familia nos parecía encantadora, era evidentemente porque no vivíamos con ella. Dicen que los jueces más severos son los hijos. Esto es porque los hijos nos conocen mejor, viven con nosotros y son testigos de nuestras miserias y verdades. La Realidad, por cruda que parezca, es que “La Familia Telerín” no existe más que en las caricaturas; toda familia tiene un grado menor o mayor de disfuncionalidad.
Entonces me preguntarán en donde estriba la “normalidad” o “funcionalidad” de una familia. Pues en su día a día, en si los roles del sistema familiar funcionan de una forma aceptable: es decir veamos a la familia como una maquinaria de reloj, donde cada una de las piezas engrana perfectamente y nos da de forma continua la hora exacta…

Es posible que en nuestra maquinaria cronológica familiar algunas veces nos retrasemos o nos adelantemos, o incluso que se pare por un momento. Esto no significa que ya no sirva o haya que desecharla, sino que habrá que ajustar algunas de las piezas o sincronizarlas, a fin de lograr que se produzca la exactitud a lo cual llamaríamos funcionalidad.

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Y aquí viene a colación el tema mantenimiento, porque mientras más tiempo se permanezca en un estado de “irregularidad” mayor se hará la disfuncionalidad de dicha maquinaria. Hemos oído, -mi reloj se atrasa 5 minutos….. ahora mi reloj se atrás 15 minutos, pero lo tengo controlado- de tal manera que luego será una hora o un día y aquello funcionará, valga la redundancia, de una manera “disfuncional” a la cual además nos habremos ¡acostumbrado! Incluso podemos traer el reloj que no funciona en absoluto, pero ¡se ve bien!

No parecía que estuviera tan mal, pero al final te das cuenta de que no te sirve, o te encuentras otra maquinaria u otras piezas que ¡sí funcionan como deben! En la vida familiar es común la parentalización o la filiación; es decir los hijos toman los roles de los padres o viceversa, incluso más común las alianzas donde unos miembros de la familia se alían en contra de otros y se hacen mutuamente la vida imposible. Esto es como si en la maquinaria de este reloj imaginario, hubiese alguna pieza a la que le faltan ciertos engranes, y entonces otra pieza toma su lugar, quizás es más grande o más pequeña o menos dentada y trabajará a marchas forzadas, haciendo más difícil a las otras piezas su funcionamiento, pero seguirá trabajando. Por supuesto, dará una hora incorrecta.
El reto es hacer que nuestra familia funciones de la mejor manera posible, donde el amor y comprensión por aquellos que nos importan, sea el paño cuidadoso del relojero que detectará a tiempo los pequeños brincos que alteran el buen funcionamiento de nuestra maquinaria. ¡Viva la Familia!

 

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