Marcha y Memoria

 

La mayoría de las veces en las que uno mira hacia el pasado es en busca de  verdades  o respuestas, uno de los grandes problemas de la conciencia histórica en nuestro país es la controversia y la nula relación que le otorgamos a los conceptos de  “memoria e historia”; la memoria histórica no puede ser colocada como un conocimiento histórico basada en elementos científicos.

Si por memoria histórica se entiende la lista de los acontecimientos cuyo recuerdo conserva la historia nacional, no es ella, no son sus marcos los que representan lo esencial de lo que llamamos memoria colectiva.

Cuando se habla de memoria colectiva no se hace referencia a la suma de las memorias individuales o al conjunto de memorias de algún grupo social; este texto lo ubico más  bien en las líneas de Maurice Halbwachs, quien ha planteado que la memoria colectiva es diferente de la memoria individual.

Ahora… ¿Qué tanta memoria aún guardamos como para salir cada 2 de octubre a la conmemoración de la matanza de Tlatelolco? ¿La marcha cumple aún con las expectativas culturales e históricas de aquel trágico acontecimiento?

Hoy en día parece que la consigna gritada año con años “2 de octubre no se olvida” ha dejado de tener el peso que llegó a tener, tal acto se vuelto un pretexto más para salir a las calles a gritar consignas en contra del gobierno, del Estado y de EPN, pero la memoria de los estudiantes fallecidos el ’68… ¿Dónde queda?

Nuestra memoria histórica y memoria colectiva han fracasado al querer conservar aquel sentimiento de luto y lucha por aquellos que, no solo cayeron aquel 2 de octubre, si no a lo largo del año ’68; los años 60’s fue una etapa de grandes cambios y movimientos a lo largo del mundo, Francia, Chile, México, son solo algunos de los países en los que estudiantes y trabajadores enfrentaron a sus gobiernos en esa década.

La marcha que se lleva a cabo en México debe repensarse y reconfigurar la finalidad y el motivo por el cual se hace, lamentablemente es una marcha que, si es bien cierto que piensa en Ayotzinapa, la lucha de maestros, los abusos de Nochixtlan y el repudio total al gobierno actual, de la misma manera es verdad que ya no se recuerda aquel sangriento Tlatelolco.

 

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