MUERTE Y TRASCENDENCIA

Elvia Ortíz COLUMNISTAS

Se le llama el enigma más grande, a través de los años el ser humano se ha preguntado una y otra vez que hay más allá de la muerte; y la pregunta sigue en el aire, pues aquellos que la han experimentado ya no están para contarlo.

Resulta tan insistente esta cuestión, que todas las religiones han tratado de explicar y propugnar por la verdad de su teoría, hablándonos del cielo y la vida eterna, del Nirvana o la Reencarnación, de la Yanna o el Valhalla, del Infierno, el Limbo, el Purgatorio o del seno de Abraham… La ciencia misma ha incursionado en el tema hablando de los hipotéticos “28 gramos” como el peso del alma al abandonar el cuerpo; también la filosofía trata extensamente este misterio que se entremezcla con la teología y nos lleva al “Primer Motor” del que hablaba Aristóteles.

Las grandes civilizaciones de la antigüedad rindieron especial culto a la muerte, como el milenario Egipto con sus embalsamados aromáticos, ricos sarcófagos y monumentales pirámides, que incluso llegaron a documentar el proceso de la inmortalidad en el libro de los Muertos, relacionando los 10 elementos que forman el alma y el cuerpo, así como el esperanzador vuelo de Horus y su “Pantehón” con dioses que experimentaron la muerte, entre ellos el legendario Osiris y Thot; que decir de los griegos y el rito sagrado de la incineración con las monedas cubriendo los ojos, para efectuar el pago a Caronte el Barquero, que cruzaría el lago Estigia para llevarnos a los dominios de Hades custodiados por el mítico Cancerbero; Las culturas animistas de los bosques del Norte, cuyos espíritus se encarnan en forma similar que la reencarnación hinduista, pero en los animales de su medio como osos, ballenas y venados; más cercano a nuestras tierras tenemos la cultura Tarasca que hasta hoy en día celebra el tradicional día de muertos con la procesión de balsas sobre la laguna de Pátzcuaro que cambian por un día sus redes de alas de mariposa por veladoras, para alcanzar la isla de Janitzio llevando ofrendas de flores y alimentos a las “ánimas”.

Sería interminable hablar del tratamiento y creencias que las diversas culturas del Globo han dado a la muerte a través de todos los tiempos, maravillas del mundo antiguo y moderno, son propiamente homenajes a la muerte de alguna persona; pero no sólo la arquitectura, también las artes, las letras y la cinematografía han tratado bastamente este fenómeno, no en vano están tan en boga los “White Walkers” de la Serie “Game of Thrones” que tiene al mundo, al filo de la silla con la “amenaza invernal”.

Quizás, nunca podremos develar los velos misteriosos que cubren a la muerte; pero lo que sí tenemos hoy en día, es el sentido común y la realidad de la naturaleza, que nos asegura que nuestra carga genética trascenderá por generaciones así como la educación y patrones de conducta que transmitamos a nuestros hijos; esto constituye un legado viviente que se suma a los logros que leguemos a nuestra sociedad, escritos, aportaciones científicas, inventos, construcciones, usos, costumbres y tradiciones; ya que la humanidad forma de esta manera su acervo, sumando cada aportación al cúmulo de conocimientos de la humanidad, a partir del cual se forma también el inconsciente colectivo.

Algunas culturas consideran que, mientras tu nombre se siga repitiendo, permaneces vivo aún después de la muerte; lo que es parte de la trascendencia real y palpable que podemos constatar en nuestra familia y sociedad respecto de las personas que nos precedieron en la experiencia de dejar la vida mortal. Busquemos aportar más y mejores cosas a nuestro Mundo, para perpetuar de modo positivo nuestra trascendencia en esta vida.

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