VICE | Narcocorrido: 10 años de cantar la guerra

Redacción TENDENCIAS

Van 10 años de narcoguerra en México y el impacto que ha provocado en el imaginario colectivo apenas empieza. Una vorágine de enfrentamientos, sicarios, secuestros, extorsiones y amenazas han colmado las conversaciones, han llenado estanterías de libros, han atiborrado películas y se han instalado en la cotidianidad de millones de mexicanos. Su influencia en diferentes sectores sociales ha sido determinante para la reorganización de colonias, para el replanteamiento de hábitos de vida. Nos hemos adaptado a los tiempos que corren. La actividad social, sobre todo la nocturna, se ha transformado a fondo en varias ciudades. Existe, también, un nuevo caló lleno de términos característicos, que lo mismo se usa en norte, que en el sur. Son tiempos de guerra.

Una de las manifestaciones más intrínsecas al narcotráfico ha sido la música. En menos de 10 años, el narcocorrido pasó de estratos sociales bien específicos, a convertirse, casi casi, en un género familiar.

A principios de siglo 21, el narcocorrido apenas era un subgénero dentro de la música norteña que poco a poco ganaba terreno. Este tipo de música hablaba de organizaciones criminales recientes, de enfrentamientos entre contemporáneos y también actualizaba la manera de contar historias: incluía claves, nombres (nombres que muchas veces eran reales y que después veíamos en las noticias) y un habla que años después, se popularizó en todo el país.

Estas composiciones apenas eran una incisión dentro de la música norteña, que seguía practicando los estilos trazados por agrupaciones consolidadas como Los Cadetes de Linares, Luis y Julián, Carlos y José, Ramón Ayala, pero sobre todo de Los Tigres del Norte.

En el noreste de México, uno de los pioneros fue Beto Quintanilla, quien puso al narcocorrido en la escena nacional. En el resto del país se veía esas composiciones más como ficción, que como trazos de la realidad. Se atribuía a esas historias el atributo de “cosas del norte”, pues hablaba de acontecimientos nunca vistos en el sur. Naturalmente, la inseguridad apenas germinaba en las calles. Lo peor de la guerra estaba por venir.

Los temas de Beto Quintanilla son explícitos. Mentaba nombres y hechos de la realidad. El también llamado León del Corrido, popularizó un tema conocido como “El corrido de los Zetas” (que en realidad se llama “Escolta suicida”) que se hizo masivo, debido a que incluía, según la leyenda urbana, grabaciones de radio auténticas. Gran parte del repertorio de Quintanilla (Cantinilla, como se le conocía en los bajos mundos) estuvo inspirado en las andanzas del Cartel de los Zetas, de su natal Tamaulipas. “Pasajes del Golfo“, “Gatilleros de alta escuela” y “Le compré la muerte a mi hijo“, también fueron temas con mucha popularidad.

Lo que hacía Quintanilla estaba muy lejos de lo que escuchamos hoy en día. Beto usaba las últimas reminiscencias del corrido norteño clásico, aceleraba un poco el tempo e incluía hechos recientes. Asimismo, algunas de sus frases son memorables y han sido citadas en varios libros.

Para seguir leyendo: http://www.vice.com/es_mx/read/narcocorrido-10-anos-de-cantar-la-guerra

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