Niñofobia: la sociedad que reniega de los niños

Miriam Jiménez TENDENCIAS

 

Llegas a un restaurante y te dicen que no hay sillas para los niños pequeños que van contigo porque el lugar no está pensado para menores. Las aerolíneas han decidido tener un lugar reservado exclusivamente para los adultos que no toleran a los niños. Y los hoteles han decidido tener dos espacios diferenciados, uno para las familias y otro solo para mayores de 18 años.

Gracias a la fobia, o intolerancia, de los adultos y la sociedad a los niños se acuñó el término niñofobia, que ha cobrado fuerza desde hace una década y es, en su mayoría, espacios públicos para niños y niñas.

“Esto parte de un segmento comercial que ha decidido no tener hijos, una de sus características es tener irritabilidad y poca tolerancia a los espacios donde hay niños”, dice Juan Martín Pérez García, director ejecutivo de la Red por los Derechos de la Infancia en México.

En entrevista con El Insurgente, Pérez García explica el fenómeno surgió de las lógicas empresariales de Europa y Estados Unidos, donde comenzó la segmentación de personas o familias sin hijos que tienen un poder adquisitivo alto y que pueden pagar por servicios donde se excluya a los niños.

Con él coincide Alejandra López Rodríguez, coordinadora de servicios de Ticua, una empresa dedicada a la consultoría en psicología . La especialista asegura que la niñofobia se agudiza en ambientes donde los clientes tienen mayor poder adquisitivo y acceso a lugares donde los niños no son bienvenido, justo por las exigencias de los clientes.

“En la medida de se tenga un mayor valor adquisitivo, aumenta la niñofobia ya que este sector social ve como algo negativo la convivencia con menores porque sienten que se restan espacios de comodidad o de convivencia”, explica.

Los cambios sociales también han influido para que los adultos prefieran no convivir con los niños.

López Rodríguez  añadió que en los cambios en la sociedad y en las estructuras familiares hacen que las parejas ya no estén convencidas de tener un hijo, ya que además no les favorece en su dinámica cotidiana. Aquellas que optan por no tenerlos se vuelven más intolerantes con los niños de otras personas.

“El fenómeno se está dando con mayor frecuencia porque muchas personas no están convencidas de criar a los niños y mucho menos convivir con los ajenos. Eso significa tener que enfrentarse a la incomodidad de dicha convivencia “, explica la psicóloga.

Por otro lado, las actividades diarias propias de los adultos los cambian, por eso suelen irritarse ante situaciones ruidosas que tengan que ver con los pequeños.

 “El adulto pierde la espontaneidad del niño para responder a los atributos que corresponden a los valores de la sociedad de consumo, sobre todo en este mundo globalizado”, aseguró la Dra. María Elena Sánchez, profesora investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana.

En México ha comenzado a expandirse esta moda de cerrar espacios a las familias con niños. Incluso hay cadenas exclusivas para atender únicamente a adultos, como es el caso de los hoteles Hard Rock Riviera Maya, donde existe una modalidad exclusiva para adultos, lo mismo que en los hoteles de la cadena Amresorts, que tiene hoteles exclusivos para parejas sin niños.

En el caso de los restaurantes, Juan Martín Pérez señala que los lugares de comida no dicen abiertamente “No se aceptan niños”, pero los sitios no tienen las condiciones para los menores.

Tal es el caso del restaurante Pujol, en Polanco, que no restringe como tal la entrada de niños menores de 12 años, pero explica que el lugar no está pensado para niños. Benjamín Bolaños, hostess del restaurante explica que los menores no podrían disfrutar de las instalaciones ni del menú, que están pensados para personas más grandes.

Juan Martín Pérez señala que también en los restaurantes Sanborns ocurre que los espacios no son los adecuados o limitan la estancia del niño, al no tener una silla de su tamaño, contar con un lavamanos o mingitorio del tamaño de los menores, y no tener un cambiador de pañales en el sanitario de mujeres.

“Explícitamente no vamos a encontrar un lugar donde diga: No se aceptan niños. Tiene que ver más bien con el acceso al lugar, entonces, hay una manera desestimulante como familia cuando llevas hijos porque no tienen sillitas de bebés o el lugar no está pensado para que los niños estén con seguridad”, señala el director de la REDIM.

A pesar de que la tasa de natalidad no baja en nuestro país, sí está incrementando el número de adultos que prefieren consumir en espacios reservados sólo para ellos y así no tener que lidiar con las situaciones que enfrenta una pareja con hijos.

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