Noviazgos entre alumnas y maestros: violencia que no se ve

María José Ramírez México

 

Las universidades mexicanas diseñaron medidas para solucionar y evitar la violencia de género dentro de sus campus. Sin embargo, olvidaron que uno de los contextos donde más ocurre esta situación es en los noviazgos entre alumnas y profesores.

Ni la legislación universitaria de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) o la de otra institución de educación superior del país contempla en sus reglamentos este tipo de relaciones, en las que muchas veces los docentes han abusado de su posición para amedrentar, amenazar y hostigar a alumnas cuando han terminado una relación de noviazgo.

“No hay ninguna mención de que haya restricción a las relaciones afectivas entre profesores y alumnas, siempre que se trate de mayores de edad. De hecho en casi ninguna universidad se contempla esta restricción, como en las universidades en Estados Unidos, pues se ha visto que la política estricta no ha llevado a la disminución de la violencia”, dijo Marta Ferreyra, secretaria de Equidad de Género del Centro de Investigaciones de Equidad y Género (CIEG) de la UNAM en entrevista con El Insurgente.

No obstante, la especialista admitió que estas relaciones sentimentales son también una relación de poder sobre la alumna o alumno y que ambas partes –tanto el docente como el estudiante— deben saber y ser conscientes de que se encuentran en una relación de desigual poder.

Ferreyra confirmó que, cuando estas relaciones terminan, algunos profesores llegan a tomar represalias contra sus alumnas “castigándolas en el campo académico para saldar una factura en el campo afectivo”.

Historia de abusos y terror

Un caso de abusos, acusaciones y agresiones ocurrió en la Facultad de Fiolosfía y Letras de la UNAM en 2011. La alumna —a quien llamaremos Mariana para proteger su identidad— denunció, ante las consejeras de la facultad, que un profesor con el que había mantenido un noviazgo la acosaba y le impedía titularse.

La joven también declaró que fue víctima de violencia por parte Arturo Noyola, quien impartía la clase de Literatura Mexicana del siglo XIX en ese momento.

A través de un correo electrónico, del que este portal tiene copia, la alumna pidió la solidaridad de la comunidad universitaria  y después lo presentó ante el Consejo Técnico pidiendo apoyo y solución a su problema.

En la misiva, Mariana expuso que los verdaderos motivos del profesor para evitar su titulación no eran los de un posible plagio como él acusaba ante las autoridades de la facultad; más bien se trataba de un tema personal.

“Considero que el motivo que ha llevado al licenciado Arturo Noyola ha [sic] intervenir negativamente con mis asesores y, con ello, a entorpecer mi proceso de titulación, además de las varias amenazas de solicitar, en su momento, la revisión de mi tesis bajo su escrutinio o exigir formar parte del jurado de mi examen profesional, proviene de una cuestión meramente personal: el profesor Arturo Noyola Robles y yo mantuvimos una relación de octubre de 2007 a septiembre de 2009. Lo conocí porque fue mi maestro de la materia de Literatura Mexicana del Siglo XIX durante los semestres 2007-1 y 2007-2; posteriormente me invitó a realizar mi servicio social en la Biblioteca de las Artes, del Centro Nacional de las Artes, donde él era director. Durante la relación, y aun terminada ésta —es decir, durante más de tres años— he sufrido maltrato psicológico y físico de su parte”.

Por las agresiones y las amenazas de muerte que sufrió Mariana por parte de Noyola, la joven levantó una denuncia (FCY/COY3/T1/0130/08-01) el 23 de enero del 2008 en el Ministerio Público de la delegación Coyoacán.

Después de que el caso cobró relevancia, Noyola dejó de impartir clases en la Facultad y ahí quedó el asunto.

A pesar de que la historia de Mariana no es la única que ocurre en la UNAM o en cualquier otra institución del país, las legislaciones universitarias no han incluido en sus reglamentos una política que restringa las relaciones entre personal académico y alumnos.

Limbo legislativo

El Insurgente revisó los reglamentos de la UNAM, así como los de la Universidad de Zacatecas, la Universidad Iberoamericana y la Universidad Autónoma Metropolitana, pero en ninguna existe una normativa que prohíba este tipo de relaciones entre los miembros de la comunidad.

En el caso de la UNAM, desde agosto del 2016 se puso a disposición de la comunidad universitaria el Protocolo para la Atención de Casos de Violencia de Género en la UNAM, pero no incluye este problema.

En cambio, las escuelas de derecho de todas las universidades en Estados Unidos establecen penas a quienes incurran en acoso sexual en sus reglamentos desde la década de los 90.

“Los/as profesores/as no deben acosar sexualmente a los estudiantes y no deben usar su rol o posición para inducir a un/a alumno/a o para someterlo/a a un ambiente hostil en función de cualquier forma de acoso sexual. Las relaciones sexuales entre un/a profesor/a y un/a alumno/a que no están casados o que no tienen una relación sentimental preexistente son inapropiadas cuando existe una responsabilidad profesional […] El profesor que tenga un vínculo de sangre o de matrimonio con un/a estudiante debe evitar establecer una relación profesional con dicha persona’”, dicen los reglamentos establecidos en estas escuelas.

Al preguntarle a Marta Ferreyra, integrante del CIEG de la UNAM por qué ningún reglamento contemplaba este problema, la académica respondió que las políticas estrictas no han funcionado para disminuir la violencia dentro de los campus universitarios.

“La universidad poco puede hacer para evitar que suceda, pero si se da violencia (dentro de estas relaciones) y la alumna quiere denunciar, la universidad procede”, añadió Ferreyra.

Esto es, hasta que la alumna se vea afectada en esta relación es que la universidad actuará como intermediario en el conflicto y la única solución que propone el área responsable de temas de género es hablar sobre este tipo de relaciones, para que ambas partes sean conscientes de las consecuencias no deseadas.

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