Patrones de conducta

Elvia Ortíz COLUMNISTAS Columnistas Invitados Elvia Ortíz

¿Te has sorprendido regañando a tus hijos, de la misma manera en que te reprendían tus padres, incluso usando las mismas exactas palabras? ¿Por qué lo haces? ¿Te gustaba como te regañaban?… Muy probablemente no, pero lo haces porque así lo aprendiste, es la forma en la que te educaron y no te has dado a la tarea de razonarlo, de desmenuzar las partes y traer a la memoria que pensabas cuando te regañaban, que te molestaba más, en que te parecía que se equivocaban, para ahora hacerlo diferente.

Pareciera que los seres humanos tenemos bastante mala memoria o simplemente no nos molestamos en recordar aquello que no fue tan significativo en nuestras vidas; sin embargo este tipo de acciones se quedan grabadas en nuestro inconsciente y afloran cuando nos enfrentamos a una situación similar, ya que el cerebro echa mano de los archivos de que dispone para resolver lo que se le presenta.

Por supuesto es absolutamente inconsciente, pero al escucharnos, al darnos cuenta aquello se vuelve consciente y por tanto manejable y editable, es decir podemos analizarlo y razonarlo, dejando sólo aquello que ahora en nuestra edad adulta nos parezca sensato y agregue valor a la situación que intentamos resolver.

Y no me refiero sólo al momento de regañar, también aplica cuando premiamos a alguien, las rutas que tomamos, la forma en que contestamos el teléfono o pedimos un platillo; analízalo y verás que en la vida estamos llenos de patrones de conducta, lo cual no significa que sea malo, sino que son introyectos, que requieren ser analizados para traerlos al campo del corteza cerebral y decidir si queremos que se conviertan en principios dentro de nuestra existencia.

Me explico, remontándonos al ejercicio platónico del razonamiento a partir de las premisas, que implica Tésis, Antítesis y Síntesis tendríamos por ejemplo:

  1. El INTROYECTO “Los niños no lloran”
  2. El ANÁLISIS “Yo he visto que los niños sí lloran porque tienen lagrimales y experimentan sentimientos que les provocan llanto, ya sea por dolor, rabia o tristeza, pero la cultura machista considera que si un niño llora es poco hombre”
  3. El PRINCIPIO “Los niños pueden llorar, aunque socialmente esté mal visto”

De esta forma estaremos actuando de forma coherente y no por un impulso o un patrón de conducta heredado, que en el momento en que fue aplicado a nuestra persona nos causó quizás odio o desprecio, el analizar cómo nos sentíamos, nos permite modificar esa respuesta para tratar de que nuestras acciones en general sean menos dañinas, más efectivas y definitivamente más genuinas; que no arruinemos nuestras vidas y las de los que nos rodean, por el simple hecho que así lo hacían nuestros antecesores y no hemos sido capaces de superarlo. Siempre hay formas de ser mejores, de aprender de nuestros errores y encontrar caminos más rectos y amables para disfrutar nuestras vidas, nunca es tarde para cambiar las cosas que percibimos equivocadas e implementar nuevos métodos; sólo es cuestión de tener la voluntad de lograrlo

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