Ancianos presos no pueden obtener la prisión domiciliaria por asuntos políticos

Redacción POLÍTICA

La esperanza de vida de los mexicanos es de 75.1 años, en promedio, según la estadística del Inegi (*), mientras que la “tercera edad” en el país comienza a los 60 años. En ese periodo, cada día cuenta y puede hacer la diferencia. Más aún cuando se tiene 80 años o más y se está en la cárcel.

“A mi edad, de más de 81 años, un mes puede ser la diferencia entre obtener justicia y salir, o morir injustamente en prisión”.

La sentencia forma parte de una carta firmada por un grupo de reclusos de la tercera edad, dirigida a Patricia Mercado Castro, secretaria de gobierno de la CDMX, de la cual El Insurgente tiene una copia.

Esa misiva fue enviada a Mercado, a través de correo electrónico, hace dos meses sin que hasta hoy haya habido algún tipo de respuesta. Se trata de una denuncia acerca de la situación de las personas de la tercera edad en el reclusorio sur de la CDMX. “Pero lo mismo ocurre en los demás reclusorios del país”, anota la carta.

Por miedo a represalias, los firmantes del documento solicitaron que en las publicaciones de su contenido se omitan sus nombres.

Las condiciones de insalubridad, hacinamiento y escasez de todo tipo son elementos de queja constante en el escrito. Pero la verdadera denuncia es la violación a los derechos de los reclusos a seguir con prisión domiciliaria ante lo avanzado de sus edades y por su mal estado de salud. Más allá de las leyes que establecen la prisión domiciliaria para los detenidos en la tercera edad, muchos de ellos ya han ganado amparos, pero se les ha negado la salida sistemáticamente.

Lo que es más, en el Artículo 144 de la Nueva Ley de Ejecución Penal se anota que si el delito ya prescribió, los adultos mayores, los enfermos y los discapacitados tienen liberación inmediata, sin trabas ni táctica dilatoria. Pero en la práctica, denuncian, eso no ocurre.

Las constantes negativas a la prisión domiciliar tienen fundamentos políticos, aseguran.

“La Negativa se debe a que de conceder dicho beneficio se lo tendrían que dar también a la maestra Elba Esther Gordillo, que está en el mismo Tribunal Unitario (…). Yo no sé de política y también soy lego en Derecho, pero espero que ese no sea el caso, pues además de terriblemente injusto, para los cientos de ancianos que nos encontramos en las prisiones, significaría que tenemos que perder toda esperanza pues es un asunto claramente político, por lo que le pido, le suplico, de la manera más atenta, tenga a bien estudiar no solo mi situación, sino la de toda la población vulnerable en prisión”.

En el Reclusorio Sur.

Morir en soledad

La sistemática negación del beneficio de prisión domiciliaria o excarcelación por edad avanzada o estado grave de salud lleva a muchos de los reclusos a la muerte.

“Qué diferencia hace para el fallecido o sus familiares, si murió dentro del reclusorio o unas horas después en un hospital público, donde además, tal vez ni siquiera pudieron estar sus familiares junto a él en sus últimos momentos, muriendo solo y desamparado, entre gente desconocida, sin poder dar un último adiós, sin poder ver un rostro conocido que le diera cierta paz y tranquilidad final. Esto es, en definitiva, totalmente inhumano”, precisa el correo.

The walking dead

Los firmantes del documento describen su entorno como un grupo de ancianos, algunos casi ciegos, otros sin algún miembro, otros cargando sus bolsas de suero u orina, con muletas o en sillas de ruedas.

“En la Zona Uno del Dormitorio Uno, los médicos, de burla, la llaman la The walking dead y la Zona Dos del Mismo Dormitorio, a la que llaman El callejón de los milagros; en cuanto a los servicios médicos, lo principal no son todas las carencias y falta de personal que tienen, pues aun así ellos hacen lo que pueden con eso poco que tienen”.

Por ejemplo, solo hay una camilla destartalada. No hay geriatras en la prisión (ni de planta, ni visitantes) para llevar el registro de los reclusos de la tercera edad. Tampoco hay desfribiladores (cardiacos) y oxígeno. Cuando alguien enferma de gravedad debe ser trasladado en “perrera”, que es una camioneta policiaca, pues las ambulancias son insuficientes, narra el documento.

“Tenemos un constante temor y desasosiego en cuanto a nuestra posibilidad de salir vivos de aquí, ya que todo trámite, contrario a ley, toma meses o años, como mi proceso”, narra el documento.

Cabe decir que él, uno de los firmantes, está encarcelado por un delito fiscal. Entró a los 78 años de edad y solo su proceso de sentencia tomó tres años.

Liberación de presos en Villahermosa, Tabasco.

La petición

Solicitar que en estos caso se aplique la ley es difícil, pues lo indicado, en la mayoría de los casos, es su salida. Nuevamente apelando a Patricia Mercado, ellos señalan:

“Por lo que Nuestra Petición es que nos ayude, pida o dé parte a la o las autoridades competentes para que, de oficio, cumplan con su obligación constitucional y esto incluye a todos los que estamos en este reclusorio y en Todas las Cárceles del país, que somos personas de avanzada edad, más de 60 Años, como ya aclaramos, y a quienes tengan enfermedades graves, crónicas o incurables, o se encuentren seniles”, detalla el texto.

Casi al final de la misiva, los autores se disculpan por el tono de urgencia que usan en su comunicado. Resumen esta situación de manera sencilla:

“A cierta edad no se tiene tiempo, literalmente, de andarse por las ramas o medias tintas”.

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(*) Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

(FOTOS: CUARTOSCURO)

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