El resurgir de los héroes

Elvia Ortíz COLUMNISTAS

Es sorprendente como en todas las épocas, pero más en nuestros días, los Superhéroes abarrotan las carteleras de cine con sus sagas cada vez más revolucionadas, ya sea en un remake o un nuevo reboot las taquillas de la pantalla grande vibran ante la emoción de los fans por ver en acción al Superhéroe en cuestión y más aún si se trata de una liga de superhéroes que se unen para vencer a la confabulación de los villanos, indispensables en toda cinta de acción.

Será que quizás las ansias de sentir héroes entre nosotros, en un mundo lleno de injusticias y corrupción nos hace anhelar con mayor fuerza al “Amigable vecino” que aunque no vista en lickras tricolores, podrá hacernos la diferencia ante los avatares de la vida cotidiana.

De hecho a diferencia de las generaciones pasadas, destaca que hoy en día los héroes más populares no son los otrora favoritos Súperman o Aquaman que poseen superpoderes sobrenaturales; sino que los más queridos son los más humanos y los más vulnerables; como Spiderman, un estudiante tímido sin popularidad, que ama a su familia y realiza tareas domésticas, el prototipo del joven promedio que sin embargo logra la notoriedad en base a la suerte y a su buen corazón, es el chico que vive a la vuelta de la esquina, no en vano se presenta como “your friendly neighbour” que ha decidido ayudar a sus semejantes y compatriotas, un Superhéroe “entre nosotros”.

Sí los Superhéroes más cotizados en el siglo XXI son aquellos que, en base a la filantropía, esfuerzo y tecnología, han logrado ser catalogados como seres superdotados ¿Quién no quisiera ser Batman? El llamado caballero de la noche, que es una apología aspiracional del hombre rico de alta cuna, guapo, refinado, valiente e inteligente, que usa sus millones para la investigación de tecnologías que le permitan detener a los más ambiciosos, crueles y despiadados villanos; o Ironman, prototipo del playboy supermillonario que debe la vida justo a sus adelantos científicos en materia de armamento, tiene a las superpotencias en sus manos y ahora une a otros superhéroes enarbolando la causa de la justicia social.

Sin importar si la causa procede de un accidente boquímico o nuclear, si eres un dios venido del espacio interestelar, si eras el niño buleado con baja autoestima, si fuiste víctima de la violencia en las calles, o si ejerciste como proveedor armamentista y quieres reparar el daño; el punto es que los superhéroes más allá de su historia de vida o cualidades fantásticas; están dispuestos a mejorar la humanidad y a hacer de nuestro planeta un lugar seguro.

Posiblemente estamos volviendo a la época clásica, donde milenios atrás, la sociedad griega altamente desarrollada, consideraba que el mayor honor y gloria que pudiese lograr un individuo, era precisamente el convertirse en un Héroe; será que aún mantenemos esa llama de bondad, elemento constitutivo del ser humano, que en ocasiones pareciera escondida dentro de cada hombre y mujer, pero que, como constancia votiva renace en el momento justo en que se le requiere; es ahora el momento en que nuestra sociedad reclama de nuevos héroes, de personas que entreguen su vida en aras del bienestar común.

Así como Aquiles entregó su vida en aras de la posteridad o como los espartanos lamentaron a lágrima viva entre los cuerpos inertes que yacían en la playa, la deshonra de haber desoído el llamado de Marathón y haber perdido la Gloria que los Atenienses les robaron al vencer en la primera Guerra Médica; sentimiento que impulsó a Leónidas descendiente de Herácles a llevar a sus 300 contra Jerjes en las Termópilas, y ser la ofrenda de sangre que valdría el triunfo de Salamina, coronando de olivos por siempre a la Hélade ante Antioquía. Para ser héroes y quedar inscritos en el Olimpo, en el cielo de la eternidad.

Cómo los Vikingos cuyo Valhálla es el premio a los valientes que lucharán eternamente en los campos de Odín y celebrarán en la mesa, con él y sus valquirias, la Gloria eterna del guerrero que triunfa entregando su vida en batalla para grandeza de su pueblo; morir con honor o ser tachado eternamente como cobarde.

Es esa la sed que pareciera empieza a cundir otra vez en las nuevas generaciones; no por la derrama inútil de vidas, sino porque el adelanto tecnológico, médico y científico llegue a todas las etnias y a todos los estratos, por entregar tu vida a una causa mayor que tú mismo; que así como los Superhéroes de los cómics, pueda superar las fronteras e intereses mezquinos para favorecer a la población mundial.

Ojalá que este espíritu universal, ese toque dentro del alma humana que nos impulsa a hacer actos heroicos en beneficio de otros, esa bondad que nos lleva a dar lo mejor de nosotros mismos, sea nuestra consigna en la vida; ser cada día mejores personas, llegar a ser héroes que entreguen su corazón por el bienestar de otros seres humanos ¡Héroes que sepan amar a sus semejantes!

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