Zika, Dengue y Chikungunya: este pueblo de México se tuvo que rascar con sus propias uñas

Redacción México

unknown

 

Por Rogelio Velázquez

La historia del Ejido Boca de Chajul y sus habitantes, parece imposible de contarse sin hablar de tres epidemias que en diferentes momentos han doblado de dolor al pueblo entero. La última se dio a mediados de julio de este año, cuando uno tras otro, decenas y decenas de pacientes no dieron tregua a Armando Torres a lo largo de 30 días seguidos.

No importaba si era de día, de noche o de madrugada. No importaba si el recorrido, a través de esta zona selvática, era largo o cercano. Lo que importaba era llegar al pequeño consultorio de Armando en busca de una cura. Mujeres, jóvenes, ancianos y niños acudían a él: el único enfermero de la zona, encargado de atender a los 400 habitantes de Chajul, y de otros pueblos aledaños.

Todos llegaban con un cuadro médico y síntomas similares: una fiebre que alcanzaba los 40 grados centígrados, dolor severo en las muñecas, rodillas y talones, náuseas que producen vómito, jaqueca y erupciones en la piel que en forma ronchas, causan una comezón tan intensa que lleva hasta a la desesperación a los que las padecen.

Armando, un hombre que ronda los 50 años de voz calmada y suave, bigote tupido, ojos rasgados, y piel morena clara, no lo dudó, sabía que se trataba de Zika, una enfermedad que después de ocupar los titulares de la prensa internacional a principios de este año por atacar ferozmente a los brasileños, había llegado a México.

Para ese entonces, cientos de casos de Zika habían sido reconocidos ya por la Secretaría de Salud en Chiapas, uno de los estados más pobres al sur de México, donde se encuentra Chajul, y se había comprobado que la enfermedad produce microcefalia —un padecimiento en el que el cráneo es más pequeño de lo normal y puede causar atrofia metal— en los bebés recién nacidos cuyas madres estén infectadas.

Para comprobar que el brote que mantenía a los habitantes doblegados era efectivamente Zika, se requería una extracción de sangre y llevarla a analizar a los laboratorios “más cercanos”. Pero Armando se enfrentó a otro serio problema, resulta que el último tubo de laboratorio que tenía, lo ocupó cuando intentó desentrañar allá en el 2015, cuál era la epidemia que azotaba a Chajul: ¿Dengue o Chikungunya?

En ese entonces, Armando tomó el tubo de 10 mililitros que tenía para extraer la sangre de un paciente y llevarla a analizar. Lo colocó cuidadosamente en un termo y lo cubrió de algodón para que el cristal no acabara roto en el trayecto.

Subió a una camioneta de transporte público que pagó con su propio dinero —sin ninguna ayuda económica del gobierno estatal—, se sentó, acomodó sus cosas personales y entre sus piernas colocó el termo para evitar que los constantes topes y baches que tiene el camino lo rompieran. Su obsesión era lógica: dentro del pequeño contenedor se encontraban no sólo las muestras que revelarían un brote epidemiológico en la zona, sino una posible acción gubernamental para erradicarla.

 

LEE EL TEXTO COMPLETO AQUÍ https://news.vice.com/es/article/zika-dengue-chikungunya-este-pueblo-mexico-rascar-propias-unas

Related Post

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *